La sociedad industrial entrañan una confusión fatal, puesto
que jamás ha habido un progreso tan grande y por otra parte, nunca hemos
conseguido destruirnos tanto, y si en cambio existe delirio de grandeza, es
antilógica, denominadora y ante todo profundamente acaparadora.
Así pues, tanto los sistemas políticos de hoy, (capitalismo
y socialismo) están anclados en la idea del progreso ilimitado, en reducir al
hombre a sus necesidades materiales. El socialismo en parte es la última
decepción del abismo del progreso y aunque el capitalismos consiga ser más
burlón, el otro llega a ser más ridículo: así los países del tercer mundo saben
que el desarrollo no va a tener lugar, aunque aparezcan vislumbres reales de
crecimiento puesto que los países más avanzados o industrializados tienen el
poder y el progreso en sus manos, produciendo además el aumento de la
agresividad y la destrucción sin importarles el sentido, la belleza y la
felicidad.
De lo mencionado nos damos cuenta que el estudio de las
ciencias sociales han cansado, puesto que dé debe muy poco sobre las
dimensiones esenciales de la vida, como la felicidad, la sensibilidad y la
belleza, se han especializarlo en repetirlo muchas veces en el refinamiento de
las estrategias del control social, dándose la manipulación de la explotación
de la ignorancia ajena.
Las ciencias sociales en las sociedades industriales
representan un lugar típico de la locura de la civilización accidental puesto
que forma eruditos, idiotas especializados, y no sabios capaces de captar la
realidad en su totalidad y sutileza sensible; así en las ciencias sociales ha
habido muy pocos resultados en cuanto a las posibilidades de la comunidad
humana pues de a perfeccionado hasta el extremo la técnica de la guerra,
representación, tortura y manipulación.
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